CARRUSEL: · Etchojoa: el gallinero, bajo el cuidado de los coyotes


Por Víctor Fausto Silva D.


En Etchojoa hay barruntos de tormenta que amenazan con agravarse, a raíz de la designación de Amanda Ofelia Valenzuela Rodríguez como Tesorera Municipal.

La señora parece haber entendido que llegó ahí no para ayudarle y resolverle problemas al alcalde Luis Arturo Robles, sino para creárselos y estorbarle…a menos que, bajo cuerda y dados sus nexos con “El Juiditas” Mendívil, esa sea precisamente la insana intención, para hacerlo quedar mal.

Además de un rosario de taches –algunos rayando en la ilegalidad- que carga y que por un mínimo de honestidad debieron impedirle la aceptación del cargo, la señora abrió cancha con un estilo prepotente e impositivo, muy distante del modo educado y conciliador que siempre se la reconocido al munícipe.

De entrada, eso la está llevando a generar un ambiente laboral tenso y enrarecido, cuyos primeros y espinosos efectos empezaron a sentirse en una área tan neurálgica como es la cuadra de Servicios Públicos Municipales, a cargo de Randolfo Bojórquez.

Conocido como “El Tundra”, Bojórquez tiene la bien ganada fama de que, por sacar adelante su tarea, le echa todos los kilos y suda la camiseta, al grado de que cuando se atraviesa alguna falla en los equipos a su cargo, hasta le ha metido dinero de su bolsa para subsanarla.

No le ha importado ni mucho menos lo frena el hecho de que, por engorrosos trámites burocráticos, no le llegue a tiempo el recurso: aplica la simple lógica de que si hay un problema hay que arreglarlo, porque la respuesta a las necesidades de la ciudadanía no admiten demora.

Ha demostrado que, ya con ingenio o con recursos propios mientras se los reembolsan, el trabajo sale porque sale.

Amanda Valenzuela:
Gandalla


Eso está por cambiar abruptamente, porque la señora Tesorera ya les leyó la cartilla: En esa dependencia –y suponemos que en todas las demás- no se moverá un tornillo si la decisión no pasa antes por su escritorio.

Sólo le faltó especificar que cada solicitud deberá ir acompañada de 20 ó 30 copias, en un modelo centralista y asfixiante que no tardará en provocar dolores de cabeza, cuando el burocratismo empiece a atorar soluciones.

Una cosa es la disciplina y el control de recursos y otra es la pichicatería de vigilar hasta el uso de papel de baño, por narcisistas ansias de controlarlo todo y demostrar que -salvo ella- nadie sabe hacer las cosas como se debe.

A la señora se le olvida que quien mucho abarca, poco aprieta, y que controlarlo absolutamente todo no habla precisamente de capacidad, sino de incapacidad para lograr eficiencia reconociendo y estimulando el valor de los demás, que también forman parte de un equipo y hacen lo propio para sacar adelante sus tareas.

A ese paso, al rato andará la Tesorera en las tiendas comprando hasta las escobas y los trapeadores, o en un descuido, barriendo y trapeando ella misma porque nadie sabe hacer las cosas como ella, cuando tiene frente a sí tareas de mayor envergadura.

Una de ellas, entre las graves y urgentes de atender son las observaciones que la Auditoría Superior de la Federación le hizo al ayuntamiento, por el desfalco de casi 233 millones de pesos que heredó a esta administración su ex jefe “El Juditas” Mendívil.

Vendrán problemas. No es difícil visualizarlos, porque además, como asentamos líneas arriba, Amanda Ofelia Valenzuela llegó al cargo arrastrando un rosario de taches, a cual más de graves.

Para empezar, la señora está inhabilitada por ley para ocupar dicho cargo, pues debe cumplir con el mismo requisito que la Constitución marca para alcaldes, regidores, secretario y tesorero.

En su segundo apartado, el artículo 132 constitucional establece que debe ser “vecino del municipio correspondiente, CON RESIDENCIA EFECTIVA DENTRO DEL MISMO, cuando menos de dos años si es nativo del estado, o de cinco años, si no lo es”.

Pues no, la señora no está avecindada en Etchojoa: ella vive en Manuel Doblado y Calle 11 de la colonia Tierra Blanca, en Navojoa.

O sea que a diario va y viene, con el correspondiente gasto de combustible, que por supuesto, corre a cargo del presupuesto.

Por elemental ética, Valenzuela Rodríguez ni siquiera debió aceptar el cargo, a menos, claro, que forme parte del plan trazado por “El Juditas” Mendívil para volver a la alcaldía de Etchojoa, pues con él, la hoy Tesorera fue sub Contralora y Contralora, posiciones desde las cuales se supone debe vigilarse la recta marcha de un ayuntamiento, y ya se vio en qué lodazal acabó chapaleando aquella desastrosa administración.

Ahora, a la luz del multimillonario desfalco exhibido por la Auditoría Superior de la Federación, la señora quedó, mínimo, si no es que le surge alguna responsabilidad directa, como vil tapadera.

Hasta eso que en su caso, pedir honestidad es como pedirle peras al olmo, considerando que, en machincuepa con el ex alcalde, ella fue de los que tramó y dio vida a un segundo sindicato, como si el ayuntamiento estuviera en Jauja en cuanto a recursos, todo con tal de garantizar acceso de por vida a la ubre presupuestal, porque porrrr supuesto: ¡la hoy Tesorera también se sindicalizó!

Con esa jugarreta también incurre en evidente conflicto de interés: es personal de confianza (¡a qué nivel!) y a la vez, sindicalizada. Juez y parte, pues, especialmente a la hora en que los sindicatos negocien prestaciones para sus agremiados.

Y como Dios los hace y solos se juntan, en ese mismo trinquete participó Rigoberto Corral Chaparro, antes asesor jurídico en la Contraloría, donde ahora es titular… ¡y también sindicalizado, faltaba más!

O sea pues, que Valenzuela Rodríguez y Corral Chaparro impúdicamente amarraron liana eterna, porque una vez vencido el periodo de sus cargos, simplemente reclamarán su retorno a la plaza sindical, ¡y a seguir cobrando! Eso, aquí y en China, se llama gandallez.

Señalamos arriba que, con tanta desfachatez y tantos fierros en la lumbre, vendrán problemas, pero también escándalos propiciados por la deshonestidad de la Tesorera.

Ya se sabe, por ejemplo, que una mujer de nombre Verónica Urquídez Barredez, muy cercana a sus afectos, está en los Estados Unidos, pero recibe puntualmente sus quincenas.

O que el director del Archivo Municipal, Gilberto Muñoz, ni siquiera se presenta a su oficina ¡porque está en Hermosillo!... pero cobra religiosamente en Etchojoa.

Así, con el gallinero bajo el cuidado de los coyotes, empieza a generalizarse la duda: ¿quién manda en Etchojoa?

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