
Por Víctor Fausto Silva D.
Entre la batahola desatada por las graves acusaciones que ligan al gobernador Alfonso Durazo con el crimen organizado, y por ende, a un tris de ser pepenado por fiscales gringos, ha venido concatenándose una serie de hechos y omisiones que alientan el sospechosismo sobre la eventual veracidad de los señalamientos.
A estas alturas del escándalo y mientras suda o hasta se baña en agua bendita -como a Su Santidad le apetezca, ¡faltaba más!-, lo único que luce como irrebatible es que el descontón que vino del norte no fue mera ocurrencia del diario Los Ángeles Times, ni un artículo chirris de reporteros ociosos, recurriendo a fuentes más ociosas aún.
Fue la calculada respuesta del gobierno de Donald Trump a la engallada que se dio la presidenta Sheinbaum cuando, reviviendo sus viejos tiempos de activista callejera, pronunció el vitriólico discurso dizque en defensa de la patria contra el imperio.
Y decimos “dizque” porque hasta donde se sabe, Trump no ha cargado contra todos los mexicanos en sí, sino contra lo que llama “narco gobierno”, lo que convenencieramente utiliza Sheinbaum tratando de endilgar los señalamientos hasta contra el taquero de la esquina, como si todo México fuera la 4T o ésta representara a rajatabla a todos los mexicanos.
Y no, aquí no hay dueños. No todo México es 4T, como no lo fue tampoco en su momento el “México del PRI o del PAN”. Es cierto que Sheinbaum obtuvo el 59.7 por ciento de votos, pero no por ello se le entregó un título de propiedad absoluta sobre el país, porque hubo un 40.2 por ciento que la rechazó en las urnas, y esos también pintan.
Otra cosa es que, con un discurso patriotero y las arengas incendiarias, Sheinbaum quiera cargarle a la generalidad de los mexicanos el descrédito, la corrupción y los nexos de SU gobierno y de SUS compañeros de partido con los criminales.
Surge además la incongruencia: los que hoy se rasgan las vestiduras condenando el injerencismo imperialista –como si fuera novedoso, sólo que ahora conducido por Trump- son los mismos que años atrás lo aplaudieron a rabiar, cuando los gringos le echaron el guante a Genaro García Luna.
Por años, el caso les dio “carnita” y bandera electorera para exhibir al PRIAN como lo peor de lo peor, bajo la promesa de que ellos serían diferentes… sólo para terminar exhibiendo, a la luz de los hechos y las vergüenzas que se les acumulan, que resultaron peores.
Entre García Luna y los hoy señalados por los gringos, debió quedar como lección la vieja máxima: si nada deben, nada deben temer, pero si la deben, que la paguen, tan sencillo como eso.
¿De qué se espantan o por qué les tiemblan las corvas, pues, si son tan puros que hasta sudan agua bendita?
Prietotes en el arroz
A decir verdad, las explicaciones claras y contundentes no son el fuerte de Durazo, pero bajo las nuevas circunstancias y en aras de cuidar la credibilidad entre sus gobernados, tendrá que hacer algo más que autoproclamar su estado de beatitud, porque aparejado al jalón de tapete desde EU, se le vino encima una cascada de señalamientos que nunca despejó, sobre su acelerado enriquecimiento mientras pasaba de un cargo público a otro.
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Durazo: Nunca se le |
Entre ellos resurge el “boom” patrimonial –ocultado en sus declaraciones de bienes- que le permitió amasar una riqueza calculada en no menos de 300 millones de pesos, derivada en buena parte de pingües negocios inmobiliarios, mediante sospechosas adquisiciones de predios y propiedades a precios de ganga, a través de la Inmobiliaria “Alta Sierra”, en la cual aparecían como socios su esposa y sus hijos, con él como administrador único.
Ya desde la campaña a la gubernatura le habían descubierto que a través de esa empresa, se había hecho de 9 propiedades, tanto en México como en Arizona, pero a la fecha le han documentado por lo menos 18 operaciones de compra. De compra, de acopio, pues, porque curiosamente, no vende, como cualquier inmobiliaria.
Entre ellas destacan un rancho de mil hectáreas en Agua Prieta, que compró en un millón de pesos, cuyo valor supera hoy los 55 millones.
Igual se fue agenciando casas y locales comerciales en zonas de alta plusvalía, como un edificio ubicado sobre el bulevar Luis Encinas en Hermosillo con el cual hizo negocio redondo, pues desde el 2018 se lo rentó a la Secretaría de Seguridad Pública (de la cual era titular) por un millón de pesos mensuales.
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Compró casi cien |
Ya desde antes había demostrado excepcional olfato para los negocios, pues en septiembre de 1994, seis meses después del asesinato de Luis Donaldo Colosio –de quien fue secretario particular-, su inmobiliaria familiar compró ¡casi cien hectáreas de terreno! en el vaso de la presa “Abelardo L. Rodríguez” de Hermosillo, un predio que hoy alcanza un valor mínimo de 40 millones de pesos.
La operación quedó inscrita en el Registro Público de la Propiedad (hoy Icreson) bajo el número 203763, con clave catastral 3600D4130631.
Y si bien en su momento lo compró como predio rústico, a quienes viven en Hermosillo no deja de admirarles la visión empresarial que tuvo Durazo, pues con el paso de los años surgieron ahí varios fraccionamientos tipo campestre, pero de lujo, con escenarios espectaculares y amplia disponibilidad de agua del subsuelo y altísima plusvalía, porque están ubicados a sólo unos minutos del centro de Hermosillo.
Quizás por eso, tampoco extrañó a los hermosillenses que, ya como gobernador, Durazo anunciara su intención de secar definitivamente la presa cambiándola por otra aguas arriba del moribundo Río Sonora…lo que hubiera permitido sacar más raja económica, fraccionando más terrenos.
En el limbo quedó también aquella compra-venta que la empresa de Durazo ejecutó con Amado Carrillo Barragán, hijo del extinto capo Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los cielos”, por una casa de playa en Bahía de Kino. Esa propiedad está valuada hoy en al menos 10 millones de pesos.
Le digo, pues, que eso de las explicaciones claras no es el fuerte de Durazo.
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Trump: No le ha |
Sin embargo, dadas las actuales circunstancias con un Donald Trump aferrado a que en México mandan los cárteles, postura aderezada por el embajador Ron Johnson denunciando la corrupción que impera aquí, haría bien Durazo en deslindarse, pero no con rollos para la hilaridad –“casi sudo agua bendita”- sino con explicaciones claras y convincentes, porque el horno no está para bollos.
Si tan lastimada siente su honorabilidad, ¿por qué, por ejemplo, no entabló desde ya una demanda contra los periodistas gringos, a los que acusa de difamarlo, pero que además ponen en riesgo su vida al asegurar que tiene rato colaborando como informante del gobierno americano?
Desde que estalló el bombazo, no es la única duda que persiste, pues también llamó la atención que la propia presidenta Sheinbaum casi lo dejó al garete, cuando deslizó en la mañanera que le toca a Durazo y al coacusado gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, aclarar los señalamientos gringos.
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Sheinbaum: Trato |
¡Qué postura tan tibia y tan diferente a la que adoptó en cuanto le tocaron a Rubén Rocha Moya, al que casi convierte en héroe nacional protegiéndolo del imperialismo yanqui!
Considerando que Durazo no es sólo gobernador, sino también presidente del Consejo Nacional de Morena, ¿no merecía al menos más calorcito de la jefa política? ¿Por qué a Rocha Moya lo arroparon con todo y lo mantienen oculto y blindado ante la nada desechable amenaza de que sufra un levantón tipo Maduro, y a Durazo le dicen que capotee solo al toro?
¿Será que a la presidenta ya le hizo ruido y paró la oreja ante la filtrada versión de que Durazo es informante del gobierno gringo, y que ese “a’i se la echan” sea una especie de ¡sálvese el que pueda!?
Muchas otras dudas comienzan a empalmarse en el caso. Por ejemplo, ¿dónde están Judith Armenta y el partido, que no salen a defenderlo con toda la enjundia que se merece el del agua bendita?
Si días atrás fueron capaces de llenar hasta las lámparas el CUM de Hermosillo para echarle porras a Claudia Sheinbaum, ¿no merecería el gobernador que también se lo retacaran, con una multitud que retara al imperialismo –nomás para que sepan con qué prócer osaron meterse- coreando ¡no estás solo, no estás solo!?
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¿Quién se la pone? |
¿Y los diputados, locales y federales, y los senadores y los alcaldes de Morena, por qué hacen chitón, en vez de ponerse la camiseta de “Yo con Durazo” y tomar las calles, reclamando la afrenta cometida contra un hombre probo, de una honorabilidad intachable?
¿Dónde está el pueblo y dónde la gratitud y la lealtad hacia quienes se han sacrificado siempre por él?
Más allá de una que otra tibia pero lisonjera declaración, no se ven.
Tampoco “los abajo firmantes” que signaban meses atrás los patrióticos desplegados de apoyo en favor de los “compañeros” injustamente atacados, ya no por Trump, sino por cualquier pelado que se atreviera a dudar de la pureza de la 4T y sus integrantes.
A ver si la más reciente versión de “El Imperio contraataca” no termina como los duelos a balazos en las películas del Viejo Oeste, con un desolador ventarrón levantando polvo y haciendo rodar chamizos, después de que al chico chicho lo dejaban tendido en la calle, como vil coladera.





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