
Por Víctor Fausto Silva D.
A ver, estimado lector, vámonos por lo simple y lo directo: ¿está usted de acuerdo con que el gobierno le expida un certificado oficial como idiota?
Pues vaya preparándose porque así será, si doña Claudia Sheinbaum saca adelante su proyecto de ley “para proteger a las audiencias”, legislación de la cual ooobviamente derivará una comisión o un consejo de sabios que no sólo supervisará cualquier información, comentarios o editoriales de radio o televisión, sino con las atribuciones suficientes para sancionarlas…primero con multas económicas, pero vaya usted a saber si después les dé hasta por cancelar concesiones.
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Sheinbaum: Censura |
De momento no se atrevieron a incluir en su mamotreto a la prensa escrita o a las plataformas digitales, pero ¡júrelo usted! que no faltará aprontado que proponga incluirlas hasta en un albazo de medianoche, de esos que tanto le gustan al régimen.
Seguramente que Fernández Noroña ya anda como las moscas antes de tirarse un clavado en un festín de basura: frotándose las manitas para soltar el tarrayazo parejo, recetando incluso la obligación de chutarse a diario La Mañanera, como fuente de sabiduría y verdad absolutas.
La presidenta ya salió con que ella es la más férrea defensora de la libertad de expresión y que de ninguna manera busca imponer la censura, pero a eso apesta, desde aquí hasta China.
Y apesta desde su amañado y milagroso origen, pues –convenencieramente- Sheinbaum la atribuye a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, un supuesto órgano autónomo, pero dirigido por José Merino, reconocido achichincle defensor del régimen.
Aún concediendo que la tal Comisión fuera tan autónoma como se presume (¡qué casualidad!, milagrosamente se salvó de la rasurada que les pegó López Obrador a esos organismos), nadie puede ocultar la mano que mece la cuna, desde el momento en que la dio a conocer, la defiende –y ya está organizando los foros de consulta-, ni más ni menos que Luisa María Alcalde, la consejera jurídica de la presidenta “con A”.
¿Así, o necesita explicarse con manzanitas de dónde viene la autoría?
Por supuesto, ya le entraron al tema la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, diversos especialistas y naturalmente, los legisladores de todos los bandos, porque por sus manos pasará la nueva intentona para declarar oficialmente idiotas a los mexicanos.
Porque dígame, estimado lector, si esto no es ooootro intento de censura, ¿qué demonios tiene qué hacer el gobierno diciéndole a usted qué le conviene ver, escuchar, analizar, aceptar o rechazar en los medios de comunicación que a usted le plazca sintonizar?
¿Acaso no tenemos todos el sacrosanto derecho de elegir, vetar y hasta bloquear con un simple click a quienes nos parezcan nefastos por mentirosos contumaces, manipuladores y vendepatrias?
¿Por qué el gobierno busca ahora arrogarse el derecho de tutelar hasta nuestros gustos en materia informativa, de comunicación y/o entretenimiento?
Y más allá todavía: ¿quién o qué equipo de genios determinará cuál información es falsa o “descontextualizada”, como lo prevé la iniciativa “en defensa de las audiencias?
¿Cree usted que el gobierno hará realmente un ejercicio transparente y de plena honestidad, como para llamar a verdaderos conocedores, sobre todo imparciales y no paleros, para meterle lupa a los medios?
Vámonos a ejemplos hasta simplones, si usted quiere, pero útiles para entenderlo tan clarito como se ve venir:
Partiendo de que el propio gobierno admitió que el huachicol fiscal provocó un daño ¡por 600 mil millones de pesos! a la hacienda federal sin que haya caído ningún pez gordo, cualquier editorialista colegirá -correctamente, además- que persisten la corrupción y la impunidad, ¿no?
Pues bien, bajo los nuevos lineamientos que quieren meter a chaleco, el gobierno puede salir con que la información “está fuera de contexto” porque ya sacaron bien las cuentas y no fueron 600 mil millones, sino “sólo” 599 mil… y entonces habrá materia para sancionar al comentarista o al medio, en un descuido hasta por traición a la patria, por andar destapando el mugrero.
Y no, a como se han visto las cosas, nada estaría jalado de los pelos para que los señores del gobierno echen mano de cualquier interpretación tramposa para acallar voces a punta de quemadas desde el púlpito mañanero –como ya se hace- o incluso de multas, porque se volvieron maestros a la hora de sacarse de la manga marrullerías verbales.
La propia Claudia Sheinbaum ha dado en las mañaneras vergonzosos ejemplos de cómo se busca matizar la realidad con una retórica tan grotesca como ridícula: el tren Maya o el Transítsmico no se han “descarrilado”, sólo se han “deslizado” fuera de los rieles, y ya no hay apagones eléctricos, sino “interrupciones en el servicio”.
En seguridad pública, ya no hay “masacres”, sino “pugnas entre bandas rivales”, con muchos muertos eso sí; en lo económico, no es que México lleve 8 años sin crecer, sino que “apenas estamos en el segundo piso de la transformación”, y en salud, “estamos mucho mejor que Dinamarca”, pero los mexicanos son muy chillones, y así por el estilo.
Imagínese usted si a algún conductor o comentarista de radio o televisión se le ocurre quitarle el maquillaje rosita al discurso presidencial y comentar la pelada verdad: automáticamente será candidato al banquillo de los acusados, por alborotador o de plano, vendepatrias.
Y no se diga en cuanto a tocar a López Obrador o a su inefable familia, pues partiendo de que doña Claudia y sus corifeos lo declararon desde hace tiempo como “el mejor presidente que haya tenido México”, ¡ay de aquél que ose manchar con cualquier comentario un dogma tan sublime!
Podría pensarse que un tema tan espinoso –y digno de consultas serias y a fondo- como éste de “defender a las audiencias” debería ir para largo, pero como está visto que en México todo puede pasar en cuestión de horas si así lo decide la aplanadora oficial, hasta se vale ir haciendo apuestas sobre quién dirigirá el nuevo organismo censor, perdón, “defensor” de los idiotas incapaces de decidir por sí mismos lo que quieran ver y oír.
Porque así quiere tratar la presidenta a los mexicanos, como idiotas, ahora en la antesala de expedirles certificados como tales.
(Dada la seriedad, el equilibrio y la imparcialidad mostrada por el régimen para estos asuntos, a nivel nacional nos quedaríamos con esa lumbrera conocida por el remoquete de Lord Molécula. Para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo…)

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