Sugar Ray Leonardo: ¡aquél “pescadito!”


El Código

“¡Ese negrito verguero…!

Manuel Fernando López


Ante el fundado temor de ser atropellado por alguna "corcholata" política impulsada por el "mago Merlín", perdón, por el aún gobernador Alfonso Durazo Montaño para sucederle y así continuar sus obras "faraónicas" -ninguna con buen fin- mi mente periodística ha vuelto a su origen en este oficio: los deportes.

Allá por el cada vez más lejano 1985, fui asignado para cubrir deportes bajo la batuta de mi inolvidable amigo Jesús Arturo Llánes Camacho, editor de dicha sección en el entonces periódico El Sonorense, sito en la colonia Los Naranjos, hoy sede este edificio de la Canacintra.

Desde siempre, la práctica del deporte ha estado inmersa en mi ser, sobre todo el box; al que bien definió Arturo Llánes cuando le pregunté en aquella inolvidable redacción, si este era deporte: "no, -me dijo- es drama...".

¡Cuánta razón de mi amigo!, ganador de aquél memorable programa “El gran premio de los 64 mil pesos” conducido en 1974 por Pedro Ferriz, en este caso sobre la categoría de pesos completos de tal deporte, el primero en la Olimpiada de Grecia.

Cientos de anécdotas transcurrieron en mi tránsito por dicha sección. A partir de hoy, las iré rescatando del ayer, pero ahora quiero plasmar una por demás genial, y que causó ríos de cerveza con los amantes de este drama.

"¡Escríbelo!" me decían y, hoy lo hago.

Allá por los años ochentas, hubo un entrenador de boxeo, don Goyo González, quien tuviera en su establo nada menos que a Norberto Cabrera y al "Topo Gigio" Vásquez -el mismo que derrotara aquí en Hermosillo al entonces campeón mundial Lupe Pintor- y a quien, cuando le preguntaban sobre uno de sus pupilos por qué había perdido tal o cual pelea, el viejo zorro decía, "yo no perdí…"

Bueno, entre aquellos muchachos hubo uno, de todos mis afectos y de muchos periodistas –entre ellos mi hermano Gustavo- que lo conocimos y convivimos con él en muchas jornadas del oficio: fue fotógrafo y siempre con el "gusanito" del boxeo en sus venas.

Francisco "El Chico" Félix López, su nombre, fotógrafo oficial y cuasi "guarura" de quien fuera alcalde de Hermosillo, Casimiro Navarro Valenzuela -ambos ya idos de este valle de lágrimas- y por supuesto, nada "dejaditos". En pocas palabras, muy "perros" pa’ los jodazos.

Va la anécdota contada en su momento por el propio "Chico":

“Resulta que don Goyo –González- me consiguió una pelea en Los Ángeles y no lo podía creer; al fin iba a ganar en dólares...", me contó una tarde mi amigo.

Y allá van rumbo a Los Ángeles, tras el clásico "es un pescadito, Chico…" que en el argot boxístico significa en pocas palabras un "bulto".

Hasta aquí todo iba bien: pero al llegar a dicha ciudad, nuestro héroe vio volar los dólares, cuando le comunicó su manager que el rival se lesionó.

Sin embargo, don Goyo le dijo que al día siguiente irían a equis gimnasio y podría escoger a un rival con las mismas dimensiones de su talla, peso pluma o ligero en aquel entonces.

Y allá van ambos: los clásicos jóvenes ansiosos de gloria, de fama y por supuesto, de dinero, entrenando febrilmente, golpeando costales, peras y demás aparatos de un gimnasio en regla.

"¿Quién te gusta, "Chico"...? le preguntó el llamado Joe Luis mexicano al hermosillense, y entonces, tras mirar a varios posibles rivales, nuestro héroe apuntó con su dedo y dijo: "¡Ese negrito verguero..!"

-¿Y cómo te fue...?

-"¡Me dio como cuatro mil jodazos el pinche negrito ése!..." me respondió, ante unos tarros de cerveza bien helados, aquella inolvidable tarde.

Pero mi amigo ya traía dólares en el bolsillo, que era lo importante.

Años después y en la tranquilidad de su casa, previa hielera llena de cerveza, “Chico" Félix se dispuso a ver la clásica función sabatina de boxeo por televisión, y cuando anunciaron la pelea estelar, creyó reconocer al retador al título mundial de los pesos ligeros, con un récord invicto.

Cuando supo de quién se trataba, "¡hasta calentura me dio!" me contó aquella tarde: ¡¡era nada menos que Sugar Ray Leonard, quien esa noche se coronaría!!

¡"Y pensar que yo lo escogí”… recordó aquella inolvidable tarde

Por supuesto, al “Chico” Félix nunca se le olvidó "¡...ese negrito verguero...!

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