CARRUSEL: · Busca Beltrones depurar el mugrero en el Poder Judicial



Por Víctor Fausto Silva D.


El senador Manlio Fabio Beltrones puso el dedo en la llaga en un tema cuyo manejo, entre tanto escándalo nacional, ha venido quedando en lo oscurito, cuando debería ser de los torales: el complemento de la reforma del Poder Judicial.

Beltrones: lógica y
sentido común


Dicho proceso pasó ya por una turbulenta y desaseada primera etapa con la elección de los ministros –“del acordeón”, les llamaron atinadamente- de la Suprema Corte y la inaugural comalada de jueces y magistrados, en la que tampoco se hicieron malos quesos a la hora de las tradicionales machincuepas electoreras, pues terminaron llegando aquellos que tuvieron padrinos políticos de mayor peso.

Pronto quedó en evidencia no sólo que a los orquestadores del nuevo modelo les importó un cacahuate la elemental preparación académica o las tablas en cuanto al dominio del Derecho, sino hasta la indispensable probidad para acceder a cargos de niveles tan delicados como ésos, pues terminó colándose una pandilla de indeseables de negra reputación personal, pero además, algunos con probados antecedentes como defensores de delincuentes de alto calibre.

Aquello se volvió un mugrero, al grado de que en el colmo de la aberración, hasta hubo un sujeto que estando preso, le entró a la mascarada de la supuesta “elección popular” ¡y ganó un puesto de juez!

No se supo más, pero en un descuido lo excarcelaron, le pidieron disculpas y le bolearon los zapatos antes de entregarle su distintiva toga y su juzgado, pero su caso aportó una vergonzosa prueba de que en un proceso diseñado con las patas, no se trataba de escoger a los mejores, sino de demoler a marrazos al Poder Judicial y su independencia, para anexarlo como una dependencia más a las órdenes del Poder Ejecutivo.

Este miércoles y con la convicción de que se necesita corregir el rumbo, Beltrones retomó el tema y propuso posponer la segunda elección de juzgadores, para que, por lo menos, se exija a los aspirantes a un examen de oposición, del cual surjan los más idóneos y más preparados, de tal manera que “si no pasan la prueba, que no pisen el estrado”.

Para Beltrones, la elección judicial contemplada para el 2027 “sería un segundo desastre anunciado, si no se corrige el método ya”.

Incisivo y claridoso, el senador sonorense sostiene que el método del “acordeón” lo que hizo fue “llenar los tribunales de incompetentes e incondicionales, no de juristas, y el costo lo paga el ciudadano, con sentencias torpes y justicia de rodillas”.

Sustenta su propuesta en que “posponer la elección judicial por un año, no es miedo, es responsabilidad. Sin un examen de oposición previo, cualquier elección es una farsa: se vota por nombre, no por capacidad”.

Echando por delante el sentido común, pide “primero que demuestren que saben y conocen de procesos judiciales y Derecho; después, que demuestren capacidad para garantizar a las víctimas certeza de justicia; eso sería camino y ruta para convencer al votante”.

“Invertir el orden es seguir premiando la lealtad sobre la ley”, dice, y lanza el reto a la clase gobernante:

“Si Morena y sus aliados quieren legitimidad, que acepten la prueba. Si no, estarán confesando que prefieren jueces dóciles a jueces capaces”.

“La impartición de justicia exige preparación técnica, criterio jurídico y trayectoria probada; no puede quedar sujeta a mecanismos que no garanticen estos elementos. Una vez acreditada la preparación, entonces sí, podría contemplarse un mecanismo de elección. Primero la idoneidad, después cualquier proceso de legitimación”.

Para Beltrones, “México merece instituciones sólidas, con perfiles capaces y comprometidos con la legalidad, no con intereses coyunturales”.

Más claro ni el agua, y dicho sin la retórica enredosa o los malabares demagógicos tan propios de los políticos: mejorar el sistema judicial bajo esa lógica es de elemental sentido común. Impartir justicia no es cosa de ocurrencias, ni de que se llegue a juez mediante un concurso de simpatías…amañado además con “acordeones”.

Porque además, a Beltrones le asiste la razón cuando dice que el costo de errores tan garrafales como los cometidos, termina pagándolos el ciudadano, pues queda a expensas de impartidores de justicia ineptos, ignorantes o más apegados a consignas políticas que al Derecho.

Habrá que seguirle la pista a su propuesta, porque de que tiene sustento, lo tiene.

A costillas de todos…


Si usted se topa con Víctor Cuevas Valenzuela, presidente del Club de béisbol Mayos de Navojoa y lo ve caminando como si pisara dólares, felícitelo, porque tras un estruendoso fracaso en Tucsón, repatriará al equipo…a costillas de todos los sonorenses.

Durazo: Regalazo
con lo ajeno


Con justificada razón, el hombre luce panorámica sonrisa, porque sin meterle un peso de su bolsa –como nunca lo ha hecho- recibirá en octubre un estadio totalmente remodelado, pues en un generoso gesto que ya quisieran muchos alcaldes para arreglar sus maltrechas ciudades, el gobernador Alfonso Durazo sacará del erario 150 millones de pesos con los cuales transformará el “Ciclón” Echeverría. Dicho en buen cristiano: para apuntalar el negocio de un particular

Tres argumentos esgrimió Durazo durante la firma del compromiso para dejar lista la sede en el arranque de la próxima campaña:

1.- Proporcionar a los navojoenses un espacio “para un sano esparcimiento familiar”,

2.- Era un compromiso ya pactado por “el presidente” (le sigue dando ese rango) López Obrador, pero no alcanzó a cumplirlo por enredos jurídicos sobre la propiedad del inmueble, ya subsanados, y

3.- Que “el presidente” AMLO siempre dijo que “su equipo favorito eran los Mayos”. ¡Ternurita!

Por supuesto, como no se trata sólo de dar –menos disponiendo de lo ajeno-, el gobernador también puso una condición: que el costo de las entradas “sean accesibles, no como los del Mundial de Futbol”.

Pues ¡ternurita otra vez!, porque ¿de cuándo acá supo Durazo que la sola taquilla da para mantener la nómina de un equipo profesional y además arrendarle ganancias a los dueños de la franquicia? Pues ni que tuvieran el aforo de los Dodgers o los Yanquis.

Para Víctor Cuevas, el regalazo que recibirá del bolsillo de los contribuyentes es un envidiable plus en el verdadero negocio –que según se ve, Durazo ignora cándidamente- de la venta de patrocinios, la renta de espacios para vendedores y la exclusividad para determinada marca de la cheve que corre a raudales, más lo que se acumule y sea explotable.

Enmedio de un gesto de tal desprendimiento, el gobernador se vio corto pidiendo únicamente que los boletos sean accesibles: en justicia, debió pedirle a Cuevas Valenzuela que cambie el nombre del estadio y le imponga el de López Obrador.

Vaya, de perdida, que le rinda a su fan número uno un merecido homenaje en la inauguración de la temporada, con discursos amelcochados y tronazón de cuetes “para el señor presidente”, cuyos deseos y caprichos siguen cumpliéndose a costa de los contribuyentes. ¡Faltaba más!: nobleza obliga.

Mientras, que se infarten de coraje los que saturan las redes protestando por los drenajes colapsados, la falta de agua o las calles retacadas de baches, mientras los alcaldes se jalan una oreja y no se alcanzan la otra para parches, por falta de recursos.

Al fin y al cabo, el pueblo “bueno y sabio” ya tendrá dónde ir a libar en masa y a sus anchas, mientras Víctor Cuevas sigue contando billetes…

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