CARRUSEL: Las lecciones de Coahuila, un “faldilludo” y un leperazo


Por Víctor Fausto Silva D.


Podría pensarse que el resultado de elegir a 16 diputados es una muestra no muy representativa –si no es que hasta pobre- sobre la fuerza real de los partidos contendientes, pero lo que acaba de pasar en Coahuila alcanza definitivamente otra dimensión.

La imagen del carro
completo


Primero, porque con todo su poderío y el mantra machacón de que a la cuarta transformación ya no la detiene nadie porque “el pueblo está feliz, feliz”, Morena cayó de manera infame: no ganó ningún distrito.

Tampoco es que haya caído de cara al sol peleando palmo a palmo una contienda cerrada, como para litigarla incluso en tribunales: con el 99 por ciento de actas computadas, el PRI alcanzaba el 55.02 por ciento de los votos, relegando a la coalición Morena-PT al segundo lugar, con apenas 26.24 por ciento.

Fue, pues, una paliza, aunque en la jerga tan de moda por el mundial futbolero, “Alito” Moreno la definió como “una goliza” de aquellas. Exultante de gozo, el dirigente priista ya puede calificarla como le dé la gana, porque desde hace bastante rato no tenía ni un triste motivo para celebrar nada, habida cuenta de que su gandallez convirtió al tricolor en un espantajo insepulto.

En cambio, los que tienen motivos de sobra para darse contra la pared son las dirigencias del PAN, Movimiento Ciudadano y el Verde, que según los números oficiales, no alcanzaron ni un triste 3 por ciento de los sufragios. Para llorar.

Para Morena, el descalabro sufrido en Coahuila no es menor y seguramente encenderá alarmas en el alto mando, que hoy capitanea Ariadna Montiel, por factores que saltan a la vista:

1.- Los coahuilenses demostraron que Morena no es invencible, y como para que nadie achaque al abstencionismo sus descalabros, salieron a votar sin medias tintas: sufragó el 51 por ciento del padrón, cifra considerada histórica en aquél estado.

2.- Con todo y las “maiceadas” que derivan de los programas sociales del gobierno federal, la gente salió a darles palo, aún cuando operadores morenistas habían filtrado a la prensa que estaban ofreciendo hasta mil pesos por voto.

Si con todo eso les dieron la espalda y en ese rango se anduvo cotizando el voto, entonces vaya usted a saber cuánto más repartió el gobierno priista, pero encima, el revés evidencia que la gente decidió mandar por un tubo la amenaza de moda, la de quitarles los apoyos a quienes opten por sus contrarios.

Aquí no valieron pensiones ni becas, ni las amenazas de quitarlas.

Fue algo así como para rememorar aquél estribillo que en los 80-90 entonaban los panistas, cuando el PRI compraba votos en Sonora: “Agarra lo que te dan…pero vota por el PAN”, sólo que aquí votaron por el PRI-Gobierno.

3.- Como parte de lo que en su momento se consideró la madre de todas las batallas –porque el PRI nunca ha perdido Coahuila-, había aparecido en escena Andrés Manuel (no me digan Andy) López Beltrán, como General de 5 estrellas, listo para cubrirse de gloria usando sus extraordinarias artes de estratega, pero terminó en un estruendoso fracaso de debut y despedida.

Con su designación, Morena enviaba el mensaje de que iba por todas las canicas, no nada más con la muy envidiable delantera -hasta ahora- que le dan entre la gente los programas sociales, sino incluso echando por delante el linaje de su máximo guía moral.

Andy hasta instaló cuartel de guerra en Coahuila, y sin embargo, conforme avanzó el tiempo, seguramente le fue midiendo el agua a los camotes, con números que nomás no le cuadraban, hasta que de repente tiró los fierros y salió con que se iba a Tabasco a buscar una diputación federal, pues según las malas lenguas, le urge manotear el fuero ahora que los gringos andan cazando narcopolíticos.

No se sabe, obviamente, si fue el propio Gran Tlatoani de La Chingada el que le aconsejó dejar en Coahuila un polvaredón y a la militancia colgada de la brocha, pero queda para lo anecdótico que a los coahuilenses les valió un cacahuate su pedigrí.

No debió ser fácil para López Obrador pasar un trago tan gordo, un golpe en seco para su narcisismo, su megalomanía y su firme creencia de que el pueblo “bueno y sabio” lo adoraría durante generaciones, porque su obra y su legado le garantizaban un lugar privilegiado en la historia patria.

Andy: Huyó con
su papi


Herido en su orgullo y rencoroso como es, debe estar tachando de ingratos y malagradecidos a los coahuilenses, que además le dieron contra el suelo a su hijo, cuando éste apenas hacía pininos para brincar luego a las grandes ligas y ¿por qué no?, a la mismísima presidencia de la república, heredable por el prestigio del padre.

Antes de la tracatera de las urnas, Andy corrió corrió a buscar refugio con su papi, en una arranque de inmadurez, si no es que de cobardía, en unas elecciones que por su tamaño no eran precisamente la gran cosa –ni siquiera se juagaba la gubernatura-, pero terminaron cobrando otra dimensión, primero por su aparición como Mariscal de campo y luego por su fuga.

Como decían los viejos de pueblo: quedó como “faldilludo”.

Ahora, Morena está denunciando que en Coahuila, el PRI aplicó un “sofisticado” sistema para comprar votos, que incluyó la distribución de un código QR, mediante el cual los votantes cobraban una vez depositado su sufragio.

Seguramente irán detallando más machincuepas, que difícilmente cerrarían la elección como para litigarla, pero nadie les quita la paliza que les dieron. En cuanto a triquiñuelas de parte de sus adversarios, bien podría decirse que los bandidos terminaron espantándose entre ellos.

Se les olvidó que donde hay unos, hay otros.

“El Calolo”: Sigue
manoseando
elecciones


Por cierto, y también para el anecdotario, en Coahuila reportan que como artífice del triunfo priista operó Carlos Robles Loustaunau, “El Calolo”, de infame memoria para los hermosillenses, pues en 1988 –utilizando a cadetes de la escuela de policía- ejecutó la llamada “Operación Manitas” para robarse la elección de la alcaldía.

Y aunque aquello fue un descarado mugrero debidamente documentado y evidenciado, “El Calolo” llegó a sentarse en la silla hasta que las protestas del PAN escalaron a un nivel inaguantable, y entonces el subsecretario de Gobernación, Manlio Fabio Beltrones, terminó pidiéndole la bola.

Los viejos hermosillenses recuerdan que, ante los rumores de que pediría licencia, “El Calolo” llegó a declarar socarronamente:

“Sí, voy a pedir licencia, ¡pero de manejar, porque ya se me venció!”, lo que –para las pulgas de Beltrones- sólo aceleró el patadón que le asestaron en salva sea la parte. Desde entonces no se volvió a saber de él.

Así las cosas, alguien debió alertar a tiempo a Andy, de que por allá andaba un leperazo de tal calibre, contra el cual no tendría defensa alguna.

A los morenos les faltó “barrio”… y memoria. Quizás el hijo de papi se hubiera abstenido de ir a hacer el ridículo.

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