
Por Víctor Fausto Silva D.
El recorrido que acaban de iniciar los precandidatos de la 4T rumbo al relevo en la gubernatura de Sonora, no hace más que confirmar tres cosas:
1.- El ADN priista sigue tan vivo y tan inmutable como siempre en la forma y en el fondo de hacer política y decidir las candidaturas,
2.- El llamado proceso interno será un lamentable derroche de recursos -tan necesarios para cubrir verdaderas necesidades comunitarias- sabiéndose como se sabe, que aquí sólo hay dos sopas: Javier Lamarque Cano y Lorenia Valles Sampedro, signados cada cual por la presidenta Sheinbaum y el gobernador Alfonso Durazo. Tendría que darse un verdadero cataclismo para que alguien más les arrebate el pastel, y
3.- El Partido Verde y el PT no saldrán de su categoría de rémoras de Morena, pero eso sí, convencidos hasta la insolencia de que lo merecen todo, porque circunstancialmente les tocó ser factor clave para que los guindas agandallaran mayoría calificada en el Congreso de la Unión.
O sea, pues, igual de paleros que en los hoy repudiados tiempos del PRI, aunque hasta más faroleros –“piojo revivido pica más fuerte”-, porque han amenazado con irse por la libre en varios estados, lo más cercano que se conoce al suicidio político, pero allá ellos.
La pasarela montada aquí por el gobernador no se diferencia mucho de aquella que López Obrador armó con sus “corcholatas”, cuando hasta ellos sabían que la favorita era Claudia Sheinbaum y los demás entraban en calidad de comparsas, con una salvedad: Durazo no anunció premios de consolación…por lo menos, no en público o no que se sepa hasta el momento.
Así que ya arrancaron bajo un escenario por demás previsible: los mejores templetes, los acarreados y los reflectores son para Lorenia Valles y Lamarque, aunque en el equipo de éste ya le vieron las orejas al lobo de que la “cargada” oficialista está decantándose a favor de la senadora, con abierto proselitismo de parte de los alcaldes guindas, que hasta se encargan de la organización de sus eventos.
En cuanto a los demás, poco podrá añadirse a su categoría de simples teloneros.
Por ejemplo, acaba de estar acá en el sur Omar del Valle Colosio, la supuesta carta del Verde para la “grande”, con resultados tan magros que cualquier otro calibraría seriamente, para tirar el arpa.
La reunión más “nutrida” la tuvo en Huatabampo, donde el dirigente municipal del PVEM, Sergio Navarro, no llegó a juntarle ni 20 militantes, entre ellos, el aspirante a la alcaldía por ese partido, Ramsés Portillo.
Fuera de allí, a Del Valle Colosio le armaron un recorrido por un tianguis, donde con su intención de “recoger problemática” lo único que demostró es que no trae nada en la bola, por una razón la mar de simple: la gente está harta de que le pregunten siempre lo mismo, en vez de traerle de perdida propuestas factibles para resolver lo que los afecta desde hace sexenios.
Hay colonias donde la gente tiene meses rogando porque de perdida les manden pipas con agua, o se resuelvan problemas como el del basurón o el Dren “Las Ánimas”, como para que de la noche a la mañana aparezcan precandidatos a preguntar ¡qué necesitan!, en una ramplona aceptación de que no saben ni dónde pisan.
![]() |
Omar del Valle: A ver |
Y si no conocen la realidad de las comunidades, mucho menos puede esperarse que planteen soluciones, a menos, claro está, que recurran como siempre, al inagotable jarro de atole con el dedo, para seguir viéndole la cara a la gente.
Así se vio a Omar del Valle: hueco y desencanchado, si no es que hasta oportunista por meterse a una contienda a ver qué cae o qué pepena, porque en su caso, tirarle a la gubernatura es como tirarle piedras a la luna.
Y más solo debió sentirse al constatar en campo lo que aquí es un secreto a voces; que el Verde es prácticamente inexistente en la región, porque su dirigente estatal Sergio Augusto López se dedicó a todo, menos a apuntalarlo y hacerlo crecer, mientras sus cuentas y bienes personales registraron escandalosas alzas, bonanza atribuible en buena parte a que impuso jugosos diezmos a los ingresos de diputados y regidores, tutelados por las siglas que regentea.
Por lo pronto, Del Valle Colosio ya le midió el agua a los camotes a lo que le espera, aunque si en la pasarela hay premios de consolación, seguramente esperará uno que valga las asoleadas que se llevará como comparsa, en un descuido hasta con golpe de calor incluido.
En esas mismas danzas andarán también la folclórica y pendenciera Célida López Cárdenas y María Dolores del Rio Sánchez, panistas de viejo cuño, pero igual de aferradas a camuflarse como guindas-hechizas, a quienes los morenistas de cepa las mastican, pero no las tragan.
Eso sí, volviendo al recuento inicial, regresará -como en los viejos tiempos del PRI- la danza de los millones, porque quizás no haya recursos suficientes para que los ayuntamientos o el Estado ataquen tantos problemas prioritarios, pero no escasearán para aceitar la maquinaria electoral, porque cada “corcholata” recibirá 5 millones de pesos para placearse.
Le digo, pues, estimado lector, que el ADN priista sigue inmutable, aunque ahora se pinte de guinda.

Comentarios
Publicar un comentario