
Por Víctor Fausto Silva D.
Pues no, estimado lector, mientras en este país las cosas sigan haciéndose al “troche y moche” (sobre todo al moche) o como decimos coloquialmente en Sonora, con las patas, jamás llegaremos a la Dinamarca que nos prometió López Obrador en materia de salud.
A diferencia de lo que comentamos aquí sobre el vergonzoso caso del hospital del Issste en Hermosillo, que amenaza con aplastar a su personal y a los derechohabientes porque prácticamente está cayéndose a pedazos –data de 1960-, acá en el sur la raza tenía motivos para tronar cuetes, porque porrr fin el IMSS cumplió la viejérrima promesa de construir un hospital moderno y digno, para dar servicio a casi cien mil pacientes.
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El drenaje; nuevo |
Todo iba de rechupete e incluso hace escasos tres meses, vinieron la presidenta Claudia Sheinbaum y el director general del instituto, Zoé Robledo, para atestiguar lo que sería considerado la octava maravilla. Aquello se convirtió en baldazos de elogios mutuos que ooobviamente aprovechó el gobernador Alfonso Durazo para calificar el hospital como “una obra extraordinaria”, término bastante choteado por él mismo, porque igual lo aplica a la adopción de un perro que a los bebederos construidos por Javier Lamarque en Cajeme.
El asunto es que hasta ahí todo era una chulada, peeeero bastó con que cayera una lluvia de medio pelo en Navojoa, para que la obra -y quienes la ejecutaron con un costo nada bajito de mil 200 millones de pesos-, empezara a enseñar el cobre, con un techo que parece regadera ¡y el drenaje colapsado!
¿Imagina usted peor desastre para un hospital donde debe imperar la higiene, que ver las aguas negras corriendo, cuando está tan nuevo que ni siquiera ha sido inaugurado oficialmente? ¡Bonita se hubiera visto la presidenta elogiando la transformación, mientras cortaba el listón inaugural y daba brincos para que no se le ensuciaran los zapatitos!
Por supuesto y de acuerdo al gastado protocolo de que “aquí no pasa nada”, el IMSS Sonora salió al quite y atribuyó el problema ¡a la conexión entre el sistema de drenaje del hospital y la red municipal!, “lo que ocasionó una afectación en un área del segundo piso de la unidad”.
O sea, le pasó la pedrada al ayuntamiento.
Y los arquitectos y los ingenieros encargados de la obra, ¿no fueron capaces de visualizar y prevenir un problema – a la mejor de desniveles- que hasta un modesto albañil detectaría?
Eso sí, el IMSS aseguró en un comunicado que “personal de conservación intervino de manera inmediata para realizar labores de desazolve y limpieza de las tuberías” y que “actualmente el sistema de encuentra en funcionamiento y la unidad mantiene sus servicios con regularidad”.
En ninguna línea de la explicación aparece mención alguna sobre las goteras –le adjuntamos aquí el video-, pero conociendo las justificaciones marrulleras tan de moda, son capaces de decir que es una innovación de clase mundial para climas extremos: si fallan los aparatos de aire o hay un apagón, del techo descenderán cortinas de agua, para refrescar al personal y a los pacientes.
Goteras: ¿será nuevo sistema?
Le digo pues, estimado lector, que haciendo las cosas con las patas jamás llegaremos a Dinamarca…
Toño, picando piedra
En el escenario de la grilla, el que reapareció en entrevista con Ciro Gómez Leyva fue el alcalde hermosillense, Antonio Astiazarán Gutiérrez, quien volvió a picar piedra sobre la necesidad de que la oposición a Morena integre una alianza “lo más amplia e incluyente posible” para la sucesión gubernamental.
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Toño Astiazarán: por |
“Entre más amplia e incluyente, será más competitiva”, dice, convencido además de que el electorado no definirá tanto su voto “por ideologías, militancias o partidos, sino por perfiles y por resultados”.
No es novedad ni es de extrañar que Toño le esté apostando a los resultados, partiendo de que éstos lo han posicionado desde hace buen rato entre los alcaldes mejor calificados del país.
No lo mencionó con Ciro Gómez, pero basta recurrir a cualquier sondeo de las más disímbolas encuestadoras para concederle un alto grado de aprobación y reconocimiento ciudadano, especialmente cuando se habla de obras, servicios y de innovadores programas de gobierno.
De ahí derivó también que haya sido reelegido en una plaza de suyo complicada como Hermosillo.
No ha sido enchílame otra embolsarse al electorado capitalino, tan exigente que a la hora de votar no le ha temblado el pulso para cambiar de siglas de un trienio a otro, y menos teniendo enfrente a un partido gobernante en pleno auge y con todo el poder.
Contrastándola con los de enfrente, su postura es bastante claridosa y digerible para el electorado, pues mientras Javier Lamarque prácticamente le apuesta a un “derecho de sangre” para relevar a Durazo, y Lorenia Valles y Célida López a que “es tiempo de mujeres”, Toño ofrece “soluciones y resultados, no promesas”.
En cuanto a las alianzas, ya se sabe que no estará en su mano decidirlas, pero a fuerza de ser sinceros, seguramente que los dirigentes del PRI, del PAN y de cualquier otro que se anime, no necesitan más de dos dedos de frente para percatarse de que sin Toño, la caballada de sus establos luce muy flaca.
No pasará mucho tiempo para que la formalicen…o decidan apostarle a la derrota, jugando cada quien por su rumbo.


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