
Por Víctor Fausto Silva D.
Cuando Manuel Ignacio “Maloro” Acosta llegó a la dirigencia estatal del Partido Verde, seguramente no necesitó ni un estetoscopio ni aptitudes de brujo para diagnosticar que se lo dejaron moribundo, en el vil abandono.
Su antecesor Sergio Augusto López se tiró a la hamaca y se dedicó a columpiarse en ella.
Quizás pensó que sus siglas gozarían del amor eterno del electorado, y que sin necesidad de chambear le extenderían el 2027 cheques en blanco, como lo hicieron dándole 24 mil votos a Claudia Zulema Bours para que fuera diputada, que ella tiró olímpicamente a la basura, porque ni el polvo le volvieron a ver.
Vaya: ni siquiera cumplió en su distrito con la mínima promesa de abrir una simple oficina de enlace, ya no para tener contacto con sus electores –porque siempre anda muuuy ocupada, sobre todo en actos grillos- , sino al menos para dar el gatazo de que le importaban, poniendo ahí a algún chalán que disfrazara su desdén y abandono, tirándoles algún rollo atarantador.
Pues ni eso. Y seguramente, ahora que recorre el estado, “El Maloro” debió tomar nota puntual de que una cosa es el discurso que privilegia al ciudadano y sus necesidades por encima de los intereses y las ambiciones personales, y otra el valemadrismo en el que caen personajes así, una vez que llegan al poder.
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“Maloro”: le dejaron un esqueleto |
Por eso se harta la gente, por eso en cualquier encuesta salen tan desprestigiados los partidos y los políticos, y por eso terminan cosechando en las urnas el rechazo ciudadano. Viniendo del PRI, aquél gigante hegemónico que ahora batalla hasta para mantener el registro, el “Maloro” se sabe al dedillo esa historia.
Como ex diputado local, federal y ex alcalde de Hermosillo, sabe que las urnas premian, pero que también son crueles a la hora de extender facturas.
No extraña entonces que haya empezado por sacudir el esqueleto que le dejaron, marcando como prioridades la reorganización y el fortalecimiento de su estructura, antes de pensar en candidaturas.
Ese mensaje trajo a su gira por el sur del estado, para definir al Verde como un partido abierto a todos, y como un espacio de coincidencia de perfiles y capacidades.
Con quienes ya sentían una candidatura en la bolsa, el “Maloro” fue muy claro: “no vengo a destapar a nadie y no vamos a rechazar a nadie, pero su trabajo hablará por sí mismo”.
Habrá tiempo -dijo- para llegar a esa etapa de definiciones, pero quienes aspiren deberán sujetarse a tres criterios: competitividad, viabilidad y compatibilidad con el proyecto político.
“Estamos construyendo un partido para desarrollar buenos candidatos, buenas campañas y gobernabilidad”, advirtió. “Hay tiempo para que quien quiera, pueda venir a sumarse”.
No obstante, alguien puso sobre la mesa el nombre de Natanael “Pitillo” Guerrero como eventual candidato del PVEM a la alcaldía, pero el “Maloro” capoteó fino:
“Con el Pitillo hay una relación de amistad. No niego mi historia ni niego a mis amigos; el Pitillo y todos los que quieran sumar, serán bienvenidos”.
Sobre la restructuración del partido y en previsión de que alguien se sienta desplazado, también fue muy claro:
“No se trata de confrontar, sino de unir; no es desplazamiento, sino expansión. No venimos a desplazar: venimos a expandir y a sumar”.
Otro compromiso se echó a cuestas Acosta Gutiérrez en su gira por estas tierras: volverá en 15 días y lo seguirá haciendo periódicamente, para evaluar y empujar los procesos de restructuración y expansión, una velada admisión de que su antecesor le dejó un tiradero.
Por lo pronto, la revisión de las tropas verdes incluyó a Cajeme, Navojoa, Huatabampo y Benito Juárez.
En Huatabampo, por cierto, sus actividades cerraron con una convivencia en El Tábare, feudo de Adrián Valdez Lam, de los fogueados en las lides polacas –le coordinó la campaña a Claudia Zulema Bours-, a donde se dio cita también, entre muchos más, el dirigente municipal del PVEM y viejo amigo del “Maloro”, Sergio Navarro.
Podría antojarse pesada una restructuración como la que lleva a cabo “El Maloro”, pero por su capacidad y el acompañamiento no quedará: Valdez y Navarro le entienden al asunto y saben jugársela.

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