CARRUSEL: · Célida: operación cicatriz, al estilo del Dr. Frankenstein


Por Víctor Fausto Silva D.


Con el destape de Célida López para Hermosillo, parece que la llamada operación cicatriz de Morena Sonora está inspirada por el mítico y retorcido espíritu del doctor Frankenstein, aquél desquiciado científico que según la novela de Mary Shelley, terminó armando un monstruo con retazos humanos de aquí y más allá.

Célida: Con su
modus operandi…


Sólo faltaría saber quién encarna en este caso al desquiciado cirujano: si el gobernador Alfonso Durazo o sus amigochas del mando nacional guinda, Ariadna Montiel y Citlali Hernández.

Y es que, a menos que Durazo haya pactado la entrega de la capital a la oposición a cambio de la gubernatura para Lorenia Valles, resulta incomprensible que haya decidido (o por lo menos aceptar) acomodarle como compañera de viaje a quien ni el saludo le ha dirigido y mucho menos la ha felicitado desde que la destaparon para el máximo cargo estatal.

Si acaso le corrieron a Lorenia la atención de avisarle del madruguete asestado por Célida, seguramente pensó “¡no me ayudes compadre!” (o comadre, según haya sido el caso), aunque eso sí, más fina y más política que la atrabancada bailadora de templetes, ella sí le extendió la protocolaria felicitación.

Lorenia: ¿Le avisarían
siquiera?


Pero ¿qué tan auténtica puede ser una felicitación en tales circunstancias, sabiendo que la forzarán a hacer mancuerna con una perdedora?

Porque como lo comentamos columnas atrás, si bien es cierto que Célida López ganó para Morena su primera alcaldía en Hermosillo en el 2018, fracasó luego en su intento por reelegirse. Toño Astiazarán le pasó por encima, y fiel a su estilo peleonero, ella la litigó hasta el Tribunal Estatal Electoral, donde le confirmaron el palo.

En lo electoral, volvió a las andadas ya con Durazo en la gubernatura, como su alfil en el PT, con la encomienda de golpear a Manlio Fabio Beltrones y frustrarle su intento de agenciarse una senaduría. Se la jugó como ella sabe: con golpeteo abierto y frontal…pero tampoco pudo frenar a Beltrones.

Su siguiente aventura fue buscar la candidatura dentro de Morena y volvió a quedar en el camino, ahora superada por Lorenia Valles, lo que detonó su esperado berrinche, pero no dio luces sobre el inesperado desenlace.

Nadie vio venir un premio de consolación de ese tamaño –pero también de tanto riesgo para Lorenia-, quizás porque se pasó por alto que ése estilo de porfiar y presionar ha sido el modus operandi de Célida.

Y es que según cuenta la historia, tampoco en el 2018 era la favorita, pero llegó al grado de ir a buscar y apersonársele a Andrés Manuel López Obrador, y vaya usted a saber con qué argumentos, pero el Peje la exorcizó de su pasado panista-padrecista, la bañó en agua bendita y la convirtió en su discípula, así que montada en la ola triunfal del tabasqueño, se embolsó la presidencia de Hermosillo.

Con ese exitoso antecedente, ahora no tenía por qué variar su táctica de picar piedra y presionar desde arriba. Nada de más puestitos burocráticos o de arriesgarse a ooootra supuesta encuesta –de esas que nadie ve- para alguna diputación local o federal: a la ambiciosa señora le gusta ir por todas las catotas.

Lo que en todo caso llama la atención es que haya “pandeado” al gobernador y presidente del Consejo Nacional de Morena…a menos, como comentamos arriba, que la jugada de éste sea sacrificar Hermosillo por la gubernatura.

Toño Astiazarán:
Zapatotes


Porque se ve en chino que, si en el 2021 Célida no pudo retener la alcaldía de Hermosillo –con sus supuestos logros aún frescos en la memoria del electorado- sea capaz de granjearse, cinco años después, el apoyo masivo de los hermosillenses, mucho menos cuando Toño Astiazarán dejará unos zapatotes muy difíciles de llenar, con tantas obras y tantos programas de gobierno que por su éxito le han allegado reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Seguramente, para apegarse a su estilo bravucón y de descontones, ya debe andar contando los baches y las fugas de agua por la ciudad para nutrir su rabiosa verborrea discursiva, pero desde el punto de vista positivo, ¿qué puede ofrecerle a los hermosillenses?

¿Será capaz de ofrecer que entablará “una excelente coordinación con la futura gobernadora”, cuando medio mundo vio que poco le faltó para tirarle a Lorenia con la bolsa de las pinturas, aunque ganas no le faltaron?

¿Tendrá el cinismo de asegurar que llega a la candidatura surgida de un proceso democrático, transparente y con el apoyo “del pueblo”, cuando ni los propios morenistas la hacían en esa ruta?

Por supuesto, todos esos desfiguros y muchos más pueden venir, porque así es la política, o por lo menos así la entienden quienes no dudan en recurrir a los golpes bajos con tal de imponerse, pero cuesta trabajo imaginársela, exultante de júbilo, levantándole la manita a Lorenia Valles en algún mítin, mientras la jalonea para aventarse a dúo un bailongo de aquellos sobre el templete.

Y más trabajo cuesta imaginarse a Lorenia – todavía con el puñal en la espalda- elogiándola como “la mejor opción para Hermosillo, por su capacidad, su eficiencia y el amor del pueblo”.

Mucho menos la imaginamos, tan correcta y educada ella, vociferando como alienada “¡vamos a partirle su madre a la oposición!”, como lo hizo Célida en aquellos desfiguros de campaña en pos de su frustrada reelección.

Lo cierto es que en torno al destape de Célida López, menudearán las especulaciones, pero más allá de ellas, no se necesitan más que dos dedos de frente para colegir que dio una palmaria demostración de gandallismo y deshonestidad, contra sí misma y contra sus compañeros de partido.

Contra ella, porque tenía meses exigiéndole a Morena un proceso recto y transparente a la hora de elegir al candidato (a) a la gubernatura, para mancharlo luego con la sospecha de que hubo dados cargados y terminar embarrándolo aún más, manoteando de esa forma una candidatura que supuestamente apenas iba a someterse a consulta.

Y deshonestidad contra los compañeros de partido, porque con su actitud y su jugarreta, también les asestó puñalada trapera a quienes ya se hacían apuntándose para participar en un proceso que, ¡ilusos! se imaginaban democrático.

Si Célida se llamó robada, ella también terminó robándoles a otros la oportunidad que buscaban.

Wendy Briceño: De
los atropellados


Ahí quedaron, apenas juntando sus papelitos para inscribirse, personajes como el ex titular de la SEC, Froylán Gámez, a quien el propio gobernador empujó a placearse - aunque seguramente recibirá por lo menos una diputación-, el diputado Norberto Barraza, de reconocido capital político en la capital, o mujeres que, como Wendy Briceño, venían haciendo su luchita.

Con ella precisamente, empezaron ya los remezones del descarado dedazo a favor de Célida, porque si bien los otros sonantes hicieron mutis, ella no se quedó callada, y en entrevista de este viernes, dejó varias cosas en claro:

“Hermosillo no puede ser premio de consolación; no nos dejaron contender, se vino un proceso vulnerado, hubo ausencia de democracia. Parece que debimos inscribirnos para la gubernatura, para haber tenido oportunidades. Es una falta de respeto a la militancia”.

La ex diputada federal y ahora delegada estatal de Banobras, deslizó la posibilidad de renunciar a su militancia guinda, lo que seguramente merecerá como respuesta una sonora carcajada de Célida López, pero un levantón de cejas en Lorenia Valles, porque no se puede hablar de plena unidad cuando en el camino se va dejando a tantos atropellados.

Le digo, pues: parece que el retorcido espíritu del mismísimo doctor Frankenstein está inspirando la operación cicatriz…

Comentarios