
Por Víctor Fausto Silva D.
Hay anuncios sobre obras públicas que, por ser de reconocida urgencia, hasta provocan en la gente ganas de festejarlas tronando cuetes, con el añadido natural de allegarle carretadas de aplausos a los gobernantes en turno… hasta que se les pega una esculcada y se descubre que vienen envueltos en un papel celofán retacado de truculencias, si no es que de mentiras completas.
Algo así acaba de darse con dos casos específicos en días recientes, con el anuncio de que, ahora sí, el gobierno federal atacaría de raíz el deterioro del hospital del Issste en Hermosillo, que amenaza con caerle en el lomo al personal y a los pacientes, y la construcción de un hospital de especialidades en Ures.
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Durazo: Tacos de |
Nadie en su sano juicio objetaría lo benéfico de ambos proyectos, anunciados por el gobernador Alfonso Durazo, peeeero ya empezaron a enseñar el cobre.
Vamos por partes, como dicen que decía Jack El Destripador.
Seguramente recordará usted, estimado lector, que en el caso del hospital “Fernando Ocaranza”, los trabajadores y derechohabientes tuvieron que pasar a la protesta callejera porque simple y sencillamente nadie los pelaba, hasta que apareció el mismísimo Durazo como bombero anunciando “mesas de trabajo” (¡ah cómo les gusta esa figurita demagógica!) para fijar compromisos puntuales de atención.
El gobernador se la jugó prácticamente solo, porque nadie vio por ningún lado que el director nacional Martí Batres, se acongojara siquiera un poco o por lo menos enviara a algún segundón con capacidad de decisión, pero de entrada se acordó resolver de fondo la infame inexistencia de aire acondicionado, que tiene convertido a ese nosocomio en digna sucursal de los apretados infiernos.
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Martí Batres: Burla |
Uno pensaría que, ya con el gobernador al frente de la primera línea de gestión, las cosas caminarían hacia un cambio radical…hasta que apareció –y no en persona, sino por redes sociales- el indolente Batres, para vanagloriarse de que ya habían llegado al hospital ¡seis aerocoolers!, de esos que hace añales se desecharon por ser ineficaces ante un clima como el de Sonora.
Por si algo faltara, requieren baldazos de agua para funcionar, y si de algo se quejan en el “Ocaranza” es de que a veces ¡ni agua tienen!, así que si bien les va, los dichosos aparatos servirán para chamuscarlos, soplándoles lumbre.
“Ha llegado el aire acondicionado para el área de consulta externa del Hospital ‘Dr. Fernando Ocaranza’, de @ISSSTE_MX en Hermosillo, Sonora”, publicó Batres, y luego, muy orondo y seguramente como pingüino en su refrigerada oficina, añadió: Nuevo reporte del Hospital Fernando Ocaranza. Se instalaron seis aerocoolers para mejorar el clima en consulta externa. Están ya funcionando”.
¿Así o más descarada la burla? ¿Cómo le caería al gobernador, especialmente ahora que los enchilados derechohabientes amenazan con seguir cerrando vialidades, vistos los alcances de su “capacidad de gestión”?
Mucho antes de que Batres saliera con tal babosada, adelantamos aquí el riesgo de que Durazo “pateara el bote” dejándole la bronca de un nuevo hospital a quien lo releve, o para que el o la candidata de sus amores haga campaña ahí repartiendo abanicos de cartón, así que, por la respuesta de Martí Batres, no andamos tan desencaminados.
¡Arriba Dinamarca, cabrones!
El juego del tío Lolo
Luego se vino el anuncio de que, ¡doce años después! del criminal derrame de tóxicos de la minera de Cananea sobre el Río Sonora, porrrr fin construirán en Ures el multianunciado hospital de especialidades, como parte del entelarañado compromiso de resarcir en algo la friega que los Larrea le metieron a los habitantes de siete municipios afectados, desgraciándoles no sólo su economía, sino hasta la salud por la ingesta del agua que contaminó sus pozos de abastecimiento.
Y al igual que en el caso de la anunciada solución en el Issste, nadie negaría la bondad de un anuncio así, de no ser porque se sigue cayendo en el juego del Tío Lolo, aquél que se hacía tonto solo, porque Durazo sabe bien que siguen en el limbo dos de las soluciones torales para los afectados: la remediación del cauce y la construcción de plantas potabilizadoras de agua.
Es cierto que el hospital vendrá a atender a quienes hayan resultado con trastornos de salud por el criminal ecocidio cometido ahí, pero esa es una solución reactiva, no preventiva.
Los metales pesados siguen ahí, como siguen en el fondo de los pozos de donde se abastece la gente y que incluso, como lo han advertido especialistas, llegaron por arrastre hasta la presa “El Molinito”, que surte parte del líquido a Hermosillo
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AMLO y Claudia: Se |
El hospital en Ures es un parche, pues, una aspirina para un problemón ante el cual se hicieron chombitos los gobiernos de Peña Nieto y López Obrador, más dos años de Claudia Sheinbaum y casi el sexenio del propio Durazo.
Ahora sale Durazo con que “este problema se dio desde el 2014; desde el 2014 se comprometió el hospital y ahí nos dejaron un par de cuartos arrumbados”.
“Sigue pendiente la remediación del Río y lo del agua, pero estamos a punto de dar el paso definitivo en estos dos pendientes, que igualmente están desde el 2014. Tienen doce años de retraso, no es fácil retomar respuestas que quedaron abandonadas en el camino”, enfatizó este martes.
Con una pizca de autocrítica, Durazo debió admitir que a la convenenciera cachaza del Grupo Larrea se sumó la criminal negligencia del gobierno federal y la suya propia, la de aquél para apretarle las tuercas a los autores del peor desastre ecológico de Sonora, y de su parte, por no presionar arriba a dos presidentes emanados de su propio partido, que se llenaron la boca con sus “planes de justicia” mientras dejaban a la gente sola ante su desgracia.
El gobernador anuncia ahora sale que “a más tardar” este 20 de julio se colocará la primera piedra de un hospital que costará 500 millones de pesos, dinero que según él, ya se tiene.
Nada más falta que esos 500 millones salgan del erario -estatal o federal- para seguir “haciéndole el paro” a los Larrea, en una complicidad criminal cuando éstos, con uno o dos meses de sus ganancias, ya podrían haber construido no un hospital, sino cuatro o cinco, con igual número de plantas potabilizadoras en los municipios donde dejaron su mugrero.
Tiene razón Durazo cuando dice que “no es fácil retomar respuestas que quedaron abandonadas en el camino”, pero le faltó ser más honesto y más preciso, porque debió decir: “QUE DEJAMOS abandonadas en el camino”.
Todavía falta esperar que no quede en las mismas el arranque de la cacareada obra: en un piedrón inaugural, mientras la gente del Río Sonora sigue enfermando y sigue muriendo, porque sus gobernantes se volvieron expertos en hacerse chombitos.
Ya vendrán las campañas, para que mil desvergonzados candidatos les repartan atole con el dedo, asegurándoles que “ahora sí” velarán por los más jodidos…



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