
Por Víctor Fausto Silva D.
Dicen atinadamente que si la justicia no es pronta ni expedita, no es justicia, y de eso saben un resto los 20 mil habitantes de los 8 municipios del Río Sonora, a los cuales les desgració la vida el criminal derrame de tóxicos de la mina de Cananea ¡hace ya 12 años!
Este miércoles allá en Ures, se dio la ceremonia en la cual se anunció, por enésima vez, la remediación del cauce, un evento obviamente “salseado” con discursos justicieros y elogiosos, cuando, en realidad debería haberse anunciado como un mea culpa o como petición de perdón por el vergonzoso abandono en el cual los dejaron, si no es que por la continuada complicidad de ¡tres presidentes! que alcahuetearon al Grupo México.
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Bárcena y Durazo: |
Tuvieron que pasar ¡doce años! para que en Ures se apersonara un titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, ahora Alicia Bárcena Ibarra, a decir que los afectados siempre tuvieron razón cuando denunciaron las graves afectaciones sufridas en la región por la presencia de metales pesados en el agua.
A la gente le quedó la boca chueca de tanto advertir –apoyada por científicos y especialistas de la más diversa índole- que aquello fue uno de los mayores desastres ambientales sufridos en este país, que no sólo afectó sus tierras y lo que producen, a su ganado y a la fauna silvestre, sino a ellos mismos por la contaminación de los pozos que los abastecen de agua.
En su momento surgieron innumerables casos de personas denunciando y documentando afectaciones en la piel y en órganos internos, pero ni eso conmovió a nadie del gobierno federal para echarles la mano como se debía: de manera urgente.
Ahora apareció en Ures doña Licha, para decirles conchudamente a los afectados, que siempre tuvieron razón y que prácticamente han estado consumiendo veneno, pues ¡a doce años de distancia! aún persisten en esa zona elevados niveles de arsénico, plomo, cadmio, cromo, talio y vanadio.
Muy oronda, como si acabara de descubrir el hilo negro, salió con que “ya nos lo habían dicho ustedes, pero ahora está comprobado”, y como no queriendo la cosa, deslizó que el desastre también llegó a las aguas de las presas El Molinito y Abelardo L. Rodríguez, donde hay baterías de pozos que abastecen a Hermosillo.
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Esperaron 12 años |
Cuesta trabajo imaginar siquiera el nivel de daño causado –y el número de personas intoxicadas y enfermas-, primero por el derrame de tóxicos de Grupo México y luego por la actitud solapadora e irresponsable del gobierno federal, que no tiene cara para culpar como acostumbra a sus antecesores, porque si bien el desastre se dio con Peña Nieto, pasaron luego los 6 años de López Obrador y ya van dos de Claudia Sheinbaum, para que cínicamente salgan con que “ahora sí” se le hará justicia a esa gente.
Igual de orondo apareció en Ures el gobernador Alfonso Durazo, que porrr supuesto, también agarró el micrófono para soltarles una perla discursiva:
"Después de 12 años, tienen derecho a dudar. Pero francamente, no somos iguales y por eso estamos aquí dándoles la cara".
¡Pues vaya manera de dar la cara, doce años después! Menos mal que no son iguales, aunque se hagan chombitos omitiendo que también López Obrador se hizo tarugo a lo largo de todo un sexenio, como tapadera del emporio de los Larrea.
Lo peor es que, ya encarrerados, no se miden con la diarrea verbal, porque en el mismo acto, Durazo se pavoneó de que Durazo los recursos para la remediación fueron gestionados –suponemos que por él- ante el Gobierno de México y que “la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo instruyó desde diciembre de 2024 establecer un programa con tiempos, recursos y responsables para atender la problemática de la Cuenca del Río Sonora”.
Pues bonito consuelo da saber que pasaron ¡casi dos años para que la sola instrucción presidencial aterrizara! ¡Qué urgencia y qué rapidez para acatar una orden presidencial!
Hasta eso que de machincuepas de ese pelo tampoco les van a contar a los habitantes del Río Sonora, porque si tardaron ¡12 años! para que les pusieran una mísera piedra del hospital –supuestamente de especialidades- que atenderá las secuelas del ecocidio, ¿cuántos más tendrán que esperar para que se los terminen, lo equipen y empiece a funcionar?
¿Y cuántos más esperarán para que les construyan las prometidas plantas potabilizadoras de agua, con las cuales se llenan la boca los políticos cada vez que abordan el problema?
¿Le alcanzarán a Durazo los dos años que le restan a su gobierno, para volver a Ures a decirles cachazudamente que “tienen derecho a dudar”, y que “no somos iguales”?
Insisto, estimado lector: en vez de ir a venderle espejitos a los damnificados, debieron ir primero a pedirles perdón, por el criminal abandono en el que los dejaron sumidos.
Debería darles vergüenza pregonar que no son iguales, porque tuvieron que pasar ¡8 años ya! de gobiernos morenistas aplicando la misma receta de dar atole con el dedo, de aquellos nefastos gobiernos que robaban, mentían y traicionaban al pueblo.
Éstos no lo hacen -¡mjú, ándale pues!- pero ¡ahhhh cómo se parecen a los anteriores!
¿Será porque, como dijo el indio, “son los mesmos” políticos, sólo que reciclados y barnizados de una acrisolada honradez transformadora?
Decídalo usted, estimado lector…


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