
Por Víctor Fausto Silva D.
Puede sonar a cliché muy trillado, pero en estricta justicia vale repetirlo: fue una verdadera fiesta la que vivieron este domingo los hermosillenses, con la inauguración del paso a desnivel en el crucero de los bulevares Colosio y Solidaridad.
De paso, quienes asistieron, a verlo o a recorrerlo de una buena vez, ya pueden presumir que atestiguaron un cacho de historia, por el indiscutible salto que la mega obra viene a significar en materia de movilidad sustentable.
Fobias y filias aparte, hay que quitarse el sombrero por la hombrada que se aventó el alcalde Toño Astiazarán, que luego de un año de trabajos en esa zona, cosechará el reconocimiento no sólo a la tenacidad, justamente enmarcada en la frase que soltó en la apertura, de que “¡cuando se quiere, se puede!”, sino a su visión futurista para dotar a Hermosillo de la infraestructura que requiere para un desarrollo integral.
![]() |
Toño Astiazarán: |
Quizá le faltaron estrellitas para poner en la frente a cuantos tuvieron que ver en una obra que sacó adelante a puro pulmón, primero por el histórico e indiscutible mérito de haberla logrado mediante el uso de recursos propios, y luego por la ingeniería desplegada no sólo para desfogar el tránsito de 75 mil vehículos diarios, sino también para volverla incluyente y segura para peatones y ciclistas.
No fue cualquier cosa disponer de 412 millones de pesos sin el concurso de otras instancias, considerando además que si el reto se antojaba difícil, tampoco le faltaron piedritas y piedrotas en el camino.
Entre las primeras, que no resistieron el menor análisis, estuvieron las desangeladas y ridículas protestas y plantones de seudo ambientalistas evidentemente manipulados, que ahora, dada la funcionalidad de la obra, seguramente no hallarían dónde meterse.
Y es que no se necesitaba tener un doctorado en Ecología para colegir que era impostergable destrabar el gravísimo nudo vehicular que se formaba en dicho crucero, con automovilistas esperando en los semáforos hasta 5 cambios de luces, lo que aparejaba no sólo pérdida de tiempo, sino más gasto de combustibles y consecuentemente, mayor emisión de gases contaminantes.
Y entre las piedrotas, la mayor sin duda alguna fue la jugarreta que le orquestaron desde el Congreso del Estado, vetándole por quítame estas pajas el presupuesto del 2025, así que el equipo operador de las finanzas municipales tuvo que fajarse para seguir adelante con menos recursos.
Y sí, tiene razón Toño Astiazarán cuando define que el nuevo paso a desnivel marcará un antes y un después en cuanto a movilidad en Hermosillo, empezando porque es el punto de salida de quienes habitan en 25 colonias del poniente.
“Antes teníamos uno de los cruceros más inseguros y conflictivos con espera de hasta tres o cuatro ciclos del semáforo, y ahora tendremos un ahorro de hasta un 70 por ciento en el tiempo de este cruce”, detalló.
Las especificaciones técnicas de la obra respaldan su dicho de que se trata de una solución integral y bien pensada para lograr la movilidad sustentable:
El tiempo de espera para el cruce de automóviles se reduce entre 15 y 20 minutos en horas “pico”; es incluyente porque tiene más de 3 mil metros lineales de ciclovias y espacios de prioridad para peatones y ciclistas, y se le dotó también de espacios verdes con la colocación de más de 3 mil árboles y arbustos.
En cuanto a infraestructura, se retiraron 30 postes de luz y casi 7 mil metros de cableado eléctrico, para volverlo subterráneo, pero lo que constituye “la joya de la corona” como se etiquetó oficialmente, es el sistema pluvial, único en su tipo.
El paso a desnivel tiene debajo un tanque de almacenamiento de 200 metros de longitud con capacidad para almacenar 900 metros cúbicos de agua de lluvia, y un sistema que permitirá bombearla a pipas para su uso en el riego de áreas verdes. Fue calculado y diseñado para captar las avenidas más fuertes de lluvia que pudieran presentarse en todo un año.
Naturalmente, una obra de ese calado provocó serios trastornos no sólo en la circulación vehicular en esa zona a lo largo del año que duró su construcción, sino en el funcionamiento de 111 comercios aledaños, pero para paliar la afectación en sus ingresos, el ayuntamiento les aportó una partida de apoyos por casi 4 millones de pesos, mientras restablecían sus operaciones normales.
“Y los vamos a seguir acompañando en la promoción de sus negocios, para compensar estas afectaciones que vivieron”, dijo Astiazarán.
Todo se cuidó, pues, en el empeño por hacer de Hermosillo una capital “más productiva y atractiva para la inversión y generación de empleos a largo plazo”.
La visión y el proyecto de Toño Astiazarán no quedan sólo ahí, pues ya avanza también la construcción de un libramiento al norponiente de la ciudad, que sumado a uno similar en el sur, permitirá sacar del casco urbano la circulación de un millón de vehículos de tráfico pesado, lo que redundará además en la durabilidad del pavimento citadino, al reducir la carga que soporta.
A la luz de los hechos, habrá que darle la razón al alcalde Toño Astiazarán, cuando ubica el paso a desnivel no sólo como una innovadora y futurista solución vial, sino como una apuesta “por un futuro más verde, más humano y más seguro para las familias hermosillenses”.
“Nunca un Ayuntamiento se había arriesgado a construir una obra de esta magnitud, porque no se contaba con recursos propios para hacerlo".
Eso habla de eficiencia y de una adecuada planeación, sin duda.
Le digo, estimado lector, que el ejemplo de trabajo y cumplimiento de Toño Astiazarán merece valorarse más allá de fobias y filias partidistas.
Hay que quitarse el sombrero cuando una autoridad se avienta una hombrada de éstas…y todavía le faltan otras.

Comentarios
Publicar un comentario