Manuel Fernando López
Postura por demás digna y meritoria, en la pasada sesión plenaria del Congreso del Estado -sin la “hache”- del diputado del PRI, Emeterio Ochoa Bazúa, al denunciar la postura “agachona” y en consecuencia nada ética de la Comisión de Régimen Interno y Concertacesión –CRIP—Política.
Un órgano conformado por siete diputados, cada cual representando la voz y el sentir de sus respectivos partidos.
Hoy lo integran, como presidenta de la misma, Jazmín Guadalupe Gómez Lizárraga, del PT -la que hizo enojar al diputado federal Ramón Flores al declarar sus intenciones de buscar la alcaldía de Guaymas-, Ernestina Castro Valenzuela y Jesús Manuel Scott Sánchez.
Además, Iris Fernanda Sánchez Chiu, Fermín Trujillo Fuentes y David Figueroa Ortega, quien escapa al carácter doctrinario y dogmático de estos iguales en el llamado Poder Legislativo, gracias a su innegable sentido negociador.
No le permitieron a Emeterio Ochoa subir a la tribuna para exigir que el gobierno estatal informe sobre el avance en la construcción del Centro Estatal de Identificación Genética y Panteón Forense, cuyo arranque oficial puso en marcha el gobernador Alfonso Durazo casi al año de iniciar su gestión.
Desde entonces, la obra luce como un “elefante blanco” más, y a casi dos años de decirle adiós a este sexenio, no existen cuentas claras al respecto, reclamó Emeterio Ochoa Bazúa.
Claro, la aplastante mayoría de Morena y demás satélites no iban a permitir que se “moleste” al patrón -perdón, al gobernador-con tal “necedad” de este diputado y ¡¡zaz!! el garrote.
Pudieron “maliciarla” como dicen los vagos, y permitirle subir a la tribuna para luego turnarla a comisiones, al sueño de los justos, y fin de este “problema”.
El jueves, Emeterio Ochoa Bazúa supo la diferencia abismal entre lo que es la ley y el poder.
La primera no les interesa a sus colegas; el segundo, mucho más cuando quedan bien con el gobernador, no haciéndolo enojar.
¿La autonomía legislativa?, ja ja ja, ¡bien, gracias!
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