
Manuel Fernando López
Este texto fue escrito el lejano año de 1926 y, pareciera que el autor—Anacleto Gonzáles Flores—lo escribió ayer.
Es sobre la tan lleva y traída –manoseada pues—democracia, la misma que nació imperfecta desde su origen
Va: “”hay una tabla de valores económicos y, descansa entre otras cosas, en la estimación que los hombres dan a las cosas. Esa tabla no solamente supone , sino que reposa esencialmente sobre la. La igualdad sería la negación de las cosas (…), un mercado en el que todas las cosas tuvieran el mismo valor sería un contrasentido y, un mercader que atribuyera el mismo valor a la sal y al diamante , al carbón y a la plata, estaría más allá del absurdo: sería un loco de remate, pasaría por un demente…
Y, ésto es lo que en orden un poco superior, pero muy parecido, no pudieron ver, no pueden ni verán jamás los portaestandartes de la democracia contemporánea .Empezaron por proclamar la igualdad, una igualdad absoluta como base de la democracia
La tabla de valores de la democracia lo ha reducido todo a la igualdad, todo hombre es igual a uno, todo mandatario, llámese rey, presidente o sultán—es igual a uno. Todos absolutamente, igualmente iguales y, con los mismos derechos y prerrogativas.
Detrás detrás de la locura de los mercaderes que abrieron el inmenso mercado de la nueva democracia y que consagraron la igualdad como tabla suprema, ha venido la quiebra, la bancarr4ota de los actuales gobiernos…
Con base en todo lo anterior, surgen las inevitables pregunta ante este desaliento de un gobierno conformado por ladrones y cínicos en su mayoría: ¿para qué dejar jirones de nuestro vestido y de nuestro cuerpo, si en el pantano, debajo del pantano, arriba de la cumbre, la vida es una máquina de contar y cada hombre ahí, vale uno y vale tanto como los demás?
Ante este saldo sangriento, hay que colocar la disminución de la estatura de todos; no hemos bajado una pulgada, hemos descendido, mucfhísimas.
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